viernes, 7 de mayo de 2010

De la colección Plagios

Las flores de la virgen

Manuela había machacado ajo toda la mañana, así que de la cocina salía un olor envolvente que yo sabía le iba a durar en los dedos por lo menos tres días. A pesar del truco de restregarse hojas de perejil en ellos. La ví llenar un cuenco de ajos machacados, y luego otro y otro, y no me alarmaba mientras pensaba que era para la sopa. Pero cuando ví a Manuela caminar al cantero y amasar el ajo con tierra húmeda en un cazo…

Me llamó, -“¿ves cómo espanta a las hormigas?”. Yo no veía nada, pero ella decía que por tanta hormiga hacía tiempo que no teníamos flores. El ajo es bueno, dijo. También es sabido que los bichos tienden a evitar la pimienta.

La miraba, día tras día, velar el cantero. Se acercaba con la puntita del cuchillo a ver si había brotado algún retoño, pero en vano. La tierra estaba muerta y las hormigas seguían su pachanga como si nada. Una mañana, antes de que saliera el sol, Manuela me tiró de la cama. Ándate, dijo, que vamos adonde la virgen, y le ví el rosario entre los dedos. Pensé que algo malo había pasado, pero no me atreví a preguntarle una palabra.

Trate de acompañar los presurosos pasos de Manuela, al llegar a la Iglesia ambos nos persignamos e ingresamos hasta llegar a la imagen de la Virgen, Manuela sacó de su bolsa un par de velas, pocas flores que teníamos en el balcón y un pequeño florero.
Como todo cuidado ritual colocó cada una de las velas las encendió, terminó de colocar las flores. E inició una pequeña plegaria. Yo no despertaba aún del todo, el apuro de Manuela no me permitió tomar mi habitual café de la mañana, acompañado con leche recién ordeñada, un par de tostadas con manteca y jugo de naranja recién exprimido, de tan solo pensar en mi mesa de desayuno mis tripas se retorcían.
Recordé que años atrás un vendedor de churros se había instalado en la esquina de la iglesia, pensé que sería mi salvación de la mañana. Ya imaginaba la masa frita envolviendo el dulce de leche. Empecé a salivar. Ya no podía contenerme, me excusé con la Virgen y Manuela. Fui hasta la esquina. Aparentemente era muy temprano, el churrero no había llegado.

Volví hasta Manuela, quien al parecer se encontraba iniciando un rosario. Dí media vuelta y salí nuevamente a probar suerte. Esta vez caminé una cuadra más arriba. La panadería estaba funcionando hacía un par de horas. Entré y pedí un par de medialunas, no tenían café, pero sí tenían chocolatada, recordé mi infancia. Pero me quedó un sabor muy dulce en la boca, era todo tan empalagoso, con los años, los gustos se van refinando.
Pedí un vaso de agua, me sirvieron agua fresca, agradecí la amabilidad pagué lo consumido y me retiré. Pensé que era tiempo de buscar a Manuela, cuando llegue ella se encontraba esperando en el último asiento del lugar.

Caminamos hasta la casa en silencio.
No osé a preguntarle a que se debía tal presurosa ida a la iglesia, las velas, las flores, el rosario. Imagine que sería algo relacionado a la madre, que siempre fue una devota ferviente de la virgen, según comenta Manuela.
No se me había ocurrido pensar que había rezado un rosario para que su jardín se pareciera al jardín secreto de Mary, Collin y Dickon.

Las semanas pasaron, las hormigas mermaron, pero las flores nunca llegaron.
-“Debe ser algún otro tipo de plaga, hoy paso por el almacén, allí podrán darme una solución más drástica”
-“¿Te acompaño?”
-“No veo la necesidad”
-“Como quieras”

A la tarde había llegado el camión de don Juan, el almacenero, estaban haciendo una entrega especial para Manuela.
Empezaron descargando provistas que fueron a parar directo a la cocina, allí venían los dulces favoritos de Manuela, dulces de batata. También venía algo de arroz, porotos negros y rojos, aceites, varios enlatados, y productos de limpieza.

Luego el resto de la carga, y por lo visto la más pesada fue directo al galpón, eran bolsas, que parecían bolsas de estiércol o fertilizante. Una vez apiladas las bolsas y firmada de nota de envío. Los hombres es retiraron.

Manuela fue a la cocina, terminó de acomodar las compras, se sirvió una buena porción de su dulce favorito. Bebió agua fresca del cántaro.
Se dirigió al jardín, empezó a dar pasos grandes como si estuviera midiendo las distancias. Se veía tan concentrada que parecía que estaba haciendo cálculos matemáticos.

Veía a Manuela orgullosa, con una cara de satisfacción tremenda, me dijo había realizado los cálculos exactos, según las instrucciones de don Juan y había colocado la primera tanda del elimina bichos y animales rastreros. Y que las indicaciones en la bolsa prometían hacer un rápido efecto.

Las semanas pasaron, las flores brotaron, Manuela era feliz, todos los días agregaba el preparado mágico y pasaba horas deleitándose con el aroma de sus mejoradas flores. Parecía que no podía respirar otra cosa que no fuera ese aroma, que por cierto se había puesto extremadamente dulce, no sé cómo es que todavía no nos llenamos de abejas.

Manuela había caído víctima de una severa irritación en la piel, había perdido el apetito, sentía nauseas e inclusive vomitaba, deliraba, hablaba con su difunta madre y le pedía que intercediera por ella con la Virgencita. El médico no había tardado en llegar, así como tampoco tardo en declarar su diagnóstico.
-“Su frecuencia cardiaca está disminuida, Manuela padece de una fatal intoxicación”
-“¿Cómo?”
-“Presenta todos los síntomas, varios órganos están comprometidos, sus riñones han empezado a fallar”. “Pero todo esto es debido a su condición previa, Manuela nunca se había recuperado del todo, después de aquella infección que la aquejó desde niña”.

Yo ya lo había olvidado, en los últimos dos años se había convertido en la mujer fuerte que tenía a mi lado. ¿Cómo he podido descuidarla? Empecé a realizar un repaso mental de nuestras actividades, Manuela se veía y sentía mejor. Manuela no me dejes.

Había pedido ser llevada al cantero con las flores más bonitas, la llevamos en una mecedora, cubrimos su regazo con la manta que le había tejido la madre. No quería sombrero ni lentes de sol. Deseaba su pelo al viento, que el aroma de sus flores se mezclara con sus cabellos de raíz a punta, su vestido blanco reflejaba el sol… esa es la imagen que tengo de la última vez que estuvimos juntos Manuela.

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